La SD Eibar, el espejo donde mirarse

Antes de nada situémonos. Eibar es una pequeña población guipuzcoana de 27.414 habitantes, que se encuentra enclavada entre paredes montañosas y colindando con la provincia de Vizcaya. La peculiar forma de la orografía que le rodea hace que la la ciudad sea alargada, teniendo una entrada y una salida principal por cada uno de sus dos extremos. Siete kilómetros al este de  se encuentra Elgóibar, también guipuzcoana. Cuenta con 11589 censados. Al oeste, la vecina localidad vizcaína de Ermua, donde viven 16028 personas. Las tres son los núcleos con más habitantes de la comarca del “Bajo Deva”, la cual apenas llega a las 55.000 empadronados. Es de ahí principalmente de donde proviene la mayoría de la afición de la SD Eibar. La histórica rivalidad futbolera enfrentaba a los conjuntos de estas pequeñas ciudades, siendo el Eibar contra el Elgoibar el partido estear. Pero eso era antaño y el hecho de que los granotas hayan alcanzado la colaboración del fútbol español ha provocado que los ánimos de la comarca vayan en un único sentido.

¿Por qué se le denomina como “El equipo armero”?

Cuando uno llega a Eibar observará es que se trata de un lugar bastante industrial. Eso es lo primero que me contó Igor, un eibarrés que conocí tomando unas cañas. “La ciudad dicen que es fea, pero a mí que no me la quiten. Tenemos trabajo y bastante industria, donde predomina la manufacturación del hierro”.  me comentó. ¿De ahí que os llamen “armeros”?” fue mi siguiente pregunta. “Sí, por eso es. Ah y además de todo ello encima se crea un ambiente de la hostia. La muestra la tienes delante” me dijo tan orgulloso de su Tierra. Afable y buena gente, como el resto de los de su cuadrilla, con quien pude intercambiar opiniones futboleras y de los que aprendí bastantes cosas sobre el equipo de sus amores. Así fue el post – partido entre los locales y mi equipo, el Atlético de Madrid.

Ya había estado en la ciudad en un par de ocasiones, pero nunca me había mezclado entre los aficionados durante la previa de un partido. El pasado sábado fue la primera vez que lo hice. Me gusta aprender de la gente y  considero que no hay mejor modo que hacerlo escuchando, preguntando curiosidades que solamente me podrán contar ellos, los que viven en el lugar el día a día. Por todo ello le di prioridad a llegar con tiempo antes del comienzo. Lo hice en autobús, el cual te deja en el centro, junto a la Plaza principal del municipio, donde se encuentra el ayuntamiento. El ambiente era maravilloso. Es lo bueno que tiene un sitio así. Apenas tres cuestas y pasas del centro al estadio, y lo mejor de todo es que para ascender al mismo hay escaleras mecánicas en la calle, por lo que las empinadas cuestas pasan inadvertidas. Previamente a subirlas y conocedor de que a menos de cinco minutos estaba Ipurúa, apuré y fui al Batzoki Jatetxea (restaurante), cuyos dueños, majísimos, me estuvieron contando más anécdotas del equipo. Entre ellas alguna curiosa, como que pocos jugadores viven en la ciudad. Inui y poco más… Aquí el metro cuadrado está muy caro me decían. ¡Normal, si no hay espacio!. Encima vivía Borja Bastón. “Muy majo él, un chaval súper agradable”, comentaron varios clientes. La camiseta del ahora malaguista presidía el bar. “Le encantaría volver porque aquí se salió” dijo un hombre que me enseñó un carnet de abonado con más de veinte años de antigüedad. Hombres como él y como los 1500 que eran socios en la división de bronce son los que más están disfrutando esto. ¡Menuda envidia sana me daban! ¿Será posible que los fieles a la UB Conquense de mi querida Cuenca puedan gozar de lo mismo algún día? Difícil… pero yo sigo soñando con ello.

Evolución del Estadio de Ipurúa

La primera ocasión en la que visité Ipurúa no pasé dentro del estadio. Era verano y simplemente andaba por allí de vacaciones con mis padres, quienes conocedores de la ilusión que me hacía verlo me dieron el gusto de parar a mitad del trayecto Bilbao -Donostia y poder cumplir mi deseo. Hoy en día me alegro doblemente de ello, pues justo después comenzó la remodelación del mismo y me habría perdido el mítico mural  donde se dibujaba un escudo del Eibar y otro escudo escocés, como alianza entre ambos.

Consecuencia del primer ascenso de la historia a la máxima categoría, el Club se veía obligado a tomar decisiones respecto a su Estadio. Es por ello que a comienzos del 2015 se presentó un proyecto para reconstruir las tribunas norte y este. Los trabajos finalizaron hace unos meses y consecuencia de ello Ipurúa cuenta ahora con un museo, un centro de formación, una tienda e incluso un restaurante. Vamos, un lavado de cara que ha transformado la infraestructura y de la cual ya presumen sus socios. ¿La capacidad? 7083 asientos, siendo un estadio pequeño pero con un aroma a fútbol tremendo. 

Hasta pronto Éibar, como siempre fue un placer,

Víctor 

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A continuación podéis encontrar una presentación con imágenes del estadio armero.

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