El día que soñamos como un Niño

El fallo de Zubizarreta contra Nigeria en Francia 98. El penalti errado por Raúl González ante el país galo en Bélgica y Holanda durante la Eurocopa del 2000. Aquel fatídico arbitraje de Al Gandhour que nos apeó del Mundial de Corea y Japón 2002. Tampoco hubo suerte en el torneo europeo de Portugal 2004, donde caímos en fase de grupos frente a Grecia y nuestros vecinos lusos, que a la postre saldrían como campeón y subcampeón del campeonato. Después, en Alemania 2006 de nuevo fuimos eliminados por los franceses. Eran octavos de final y ni hacer pleno de victorias en la fase de grupos, ni que Villa nos adelantara de penalti fueron suficiente para pasar de ronda. Comencé hablando desde 1998 pues es hasta donde llegan mis recuerdos, pero tirando de wikipedia podría haber seguido enumerando derrotas hasta llegar al 21 de junio de 1964. Es la fecha en la que España conquistó su primer título europeo con aquel sonado gol de Marcelino. Teníamos que remontarnos 44 años en el tiempo para rememorar el único torneo importante en el palmarés de la selección absoluta. Y así una y otra vez, decepción tras decepción hasta aquel maravilloso 29 de junio del 2008.

Recuerdo aquel inicio del verano diferente. La canción de moda no era reggaeton sino la de ¡PODEMOS! Los balcones de las ciudades se vestían bonitos con los colores de la selección. No se trataba de un acto político, aunque algunos seguramente aprovecharon la ocasión. ¡Maldita sea la mezcla de la política y el deporte! La gente colgaba banderas, se veían camisetas de España en los parques y se respiraba optimismo e ilusión. Sobre todo ilusión. El pase a las semifinales después del inolvidable momento en el que Cesc Fábregas anotó su penalti marcó un antes y un después en la historia de nuestro fútbol.

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Fernando Torres marcó un gol para la Historia del Fútbol Español.

 

Físicamente los aficionados españoles estaban en un lugar, mientras emocionalmente sus corazones se situaban en Viena.  Unos hacían acto de presencia en las playas. Otros andaban de turismo rural, gastronómico o como buenamente cada cual quisiera. Los buenos estudiantes cogían vacaciones. Los menos buenos, se dejaban ver por las distintas bibliotecas de sus respectivas ciudades. También estaban los españoles que se encontraban trabajando. Y así podría seguir ejemplificando las distintas acciones que por aquel entonces realizaban los aficionados de la Roja. Unos por aquí, otros por allá. Unos haciendo tal y otros a otra cosa mariposa, pero todos ellos con una cosa en común: su corazón y en muchos casos su cabeza, estaban en la capital austriaca las 24 horas del día.

Me atrevería a decir que cualquiera que viera aquel partido podría recitar el once inicial de carrerilla: Iker Casillas en la portería. S. Ramos, Marchena, Puyol y Capdevila en defensa. En el medio un doble pivote, formado por un Marcos Senna inconmensurable durante todo el torneo y un Xavi Hernández que se encargaría de poner el lazo del regalo en forma de asistencia para Don Fernando José Torres Sanz, el hombre que escribió su nombre en la Historia. Pero hablaremos de ello después. Estábamos en la media, donde mencionamos al extraordinario tándem que formaban los por entonces jugadores del Villarreal CF y del FC Barcelona respectivamente. Junto a esta excelente dupla, dos jugones de mucho cuidado,  Don Andrés Iniesta,  el autor del gol decisivo en el Mundial conquistado posteriormente, y la magia canaria de un David Silva que estaba creciendo a pasos agigantados en el campeonato. Arriba la delantera titular estaba compuesta por Torres y Villa, quien a la postre iba a ser el pichichi del torneo. Sin embargo el Guaje cayó lesionado y el héroe de los cuartos, Cesc Fábregas, ocupó su lugar en la finalísima.

Eran las 21:17 en el Ernst Happel de Viena y pocos más de 51000 eran los espectadores que tenían el lujo de vivir ese momento mágico en directo. Pero la noche era de todos y el momento, en presencial o a miles de kilómetros de distancia era para compartirlo. Cierro los ojos y veo a Marchena tocar para Capdevila, quien se apoyó en Senna para que este jugase entre líneas con Xavi Hernández. Fue entonces cuando se paró el tiempo. El 8 levantó la cabeza y lo vio tan claro como lo vio “El Elegido”. Se cruzaron miradas para hacerle un monumento a la compenetración, porque Xavi no dudó en que la pelota debía de ir al espacio y Fernando no dudó de que su compañero se la pondría ahí. “El Niño” parecía juvenil y P.Lahm alevín porque la potencia con la que le superó en aquella carrera fue humillante. El último obstáculo por evitar tenía por apellido Lehmann y la película terminó con un balón “tocadito” sutílmente por encima para terminar entrando besando el palo.

El resto es historia amigos y todos nos la sabemos. El juego creativo, el del ticki tacka, el mejor fútbol que jamás le he visto realizar a nuestra selección lo hizo el combinado comandado por Don Luis Aragonés. Jugaban como los ángeles. Las semifinales ante Rusia fueron un vendaval que previamente jamás habían visto mis ojos. Era una realidad que parecía un sueño. Quien iba a decirnos que seguiríamos soñando continuamente hasta que caímos en el Mundial de Brasil en el 2014. Seis años, dos Eurocopas y un Mundial consecutivamente. No es broma, lo hicimos y esa historia comenzó tal día como hoy: un 29 DE JUNIO DEL 2008.

¡GRACIAS! ¡GRACIAS! Y ¡GRACIAS!

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